Hechiceros del medioambientalismo

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Martes 17 de Noviembre de 1998

"Hechiceros del medioambientalismo"
by Candace Crandall
Investigadora del Science & Environment / AIPE

Buenos Aires. Aunque no es posible instrumentar el acuerdo climático de Kioto, eso no le importa mucho a los delegados que participaron en la IV Convención de Cambio Climático. El hecho de que la energía, y todo lo que se fabrica utilizando energía, será más caro parece ser totalmente irrelevante para la horda de consultores y representantes de industrias que buscan utilidades adicionales.

Circulaban rumores de que el presidente Clinton o el vicepresidente Gore viajaría a Nueva York a firmar el Tratado comprometiendo a Estados Unidos a cumplir el acuerdo de Kioto, pero resultó que ambos le sacaron el cuerpo a esa "oportunidad fotográfica", pasándole el fardo al pobre embajador encargado en la Naciones Unidas, Peter Burleigh.

Mientras tanto, el negociador jefe de Cambio Climático, Stuart Eizenstat, aseguraba a los congresistas estadounidenses presentes en la Cumbre de Buenos Aires que el Tratado es algo "simbólico", para asegurarle a Estados Unidos un puesto en la mesa de negociaciones.

Por otra parte, Eizenstat ha estado buscando agresivamente compromisos específicos sobre la emisión de gases invernadero por parte de México y Brasil, inclusive usando amenazas en cuanto al no respaldo de préstamos por parte de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional. México resultó ser especialmente vulnerable a esas duras maniobras.

Eizenstat también se ha estado reuniendo con grupos de ambientalistas para hacer propaganda a la estrategia de Estados Unidos en la reducción de gases, que será próximamente anunciada, sin esperar a que el Senado ratifique el Tratado. El objetivo es convencer a los "verdes" del mundo en desarrollo que la Casa Blanca está decidida a proceder.

Por su parte el presidente de la Argentina, Carlos Menem, ha tenido una posición de oficiosa zalamería hacia la Casa Blanca, procediendo a anunciar que Argentina será el primer país en desarrollo en fijar objetivos voluntarios para limitar la emisión de gases invernadero. Eso también debe ser interpretado en su sentido simbólico, ya que el verdadero objetivo es conseguir favores especiales del presidente Clinton. De otra forma no se explica la carrera por afectar a la economía argentina, la cual en este momento tiene suficientes problemas.

Aquí en Buenos Aires, las naciones industrializadas presionan por algún tipo de acuerdo sobre intercambio de créditos de control de emisiones y demás mecanismos flexibles, de manera de suavizar el golpe a sus economías.

Mientras que las naciones en desarrollo buscan acuerdos de transferencias de tecnología, generadores de electricidad y otros tipos de ayuda externa que piensan se les prometió en Kioto. Los países en desarrollo piensan que van a terminar pagando las consecuencias de los planes idealizados de los países ricos y lo más probable es que así sea.

La cobertura de la conferencia por parte de la prensa ha sido especialmente pobre. En la mayoría de los casos los corresponsales simplemente han repetido como loros las posiciones más extremistas de los grupos ambientalistas, sin relación alguna con la investigación científica.

Nos acercamos rápidamente al punto de convertir el extremismo ambientalista en religión y, entonces, no se tolerará crítica alguna.