Los Verdes Contra La Gente

LOS VERDES CONTRA LA GENTE
by Candace Crandall*
Published March 13, 1998 in La Tribuna (Managua, Nicaragua), March 19 in El Mundo (La Paz, Bolivia) and March 24 in Gestion (Lima, Peru) through the wire service AIPE.

El profesor de economía de la Universidad de Yale, William Nordhous, anunció su intención de estimar el impacto económico futuro del recalentamiento de la tierra, calculando recientemente el "verdadero costo de vida" en una ponencia presentada en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, en Filadelfia. Estos cálculos del profesor Nordhous nos recuerdan al activista ecológico que alguna vez aseguró que el problema de la concentración de CO2 en la atmósfera se podría eliminar si todos simplemente sostuviéramos la respiración por una hora.

Los activistas del frente ambiental le asignan un valor de miles de millones de dólares a cosas como el ecoturismo y al contenido de las selvas tropicales en curas para enfermedades como el cáncer, pero dejan de asignarle valor económico alguno a las personas, a quienes más bien consideran como algo negativo. No hubiéramos incluido a Nordhous antes en ese grupo de activistas, ya que hasta ahora había escrito cosas sensatas.

Pero este año es el 200° aniversario de la publicación del famoso "Ensayo sobre el principio de la población" de Tomás Malthus, que trasladado al vocabulario de los verdes de hoy concluye algo así como "yo estoy bien, tu estás bien, pero todos los demás están de sobra". Y, Nordhous, buen alumno de Malthus, encuentra tres formas en que cada persona adicional afecta a la economía, ninguna de ellas de manera positiva. En primer lugar, él o ella consume recursos naturales. Segundo, cada persona requiere de una porción de recursos de capital, tales como viviendas o computadoras. Y, tercero, la gente genera emisiones de carbono que contribuyen al recalentamiento terrestre. Todas estas cosas implican costos a la sociedad por encima de lo que los padres pagan por criar a un hijo. Quizá el gobierno les debiera mandar una cuenta a los padres por cada hijo que tienen.

Nordhous mantiene que tales consideraciones son relevantes en los debates sobre políticas respecto a asuntos tales como las deducciones por hijos permitidas por el impuesto sobre la renta y el financiamiento de la planificación familiar en los países en desarrollo. Eso quiere decir que si usted es de las personas que cree que el gobierno le debe permitir quedarse con una mayor porción de su salario para poder criar a sus hijos, obviamente que pertenece a esa clase de gente poco talentosa que no debiera estar teniendo hijos. Además, ya hay demasiados niños de piel oscura en el Tercer Mundo.

No parece importarle a gente como Nordhous que por años se hayan estado reduciendo los precios de los recursos naturales como el petróleo, los minerales y demás materias primas, a pesar de los incrementos en la población. Tampoco toman en cuenta que la expansión de la demanda por viviendas, computadoras, neveras, carros, etc. genera crecimiento económico. Ni ven que gracias a la ingeniosidad de la gente se ha reducido la contaminación del aire y de los ríos, además de producirse más alimentos por hectárea cultivada. Menos les interesa el hecho que la "sobrepoblada" Africa tiene una novena parte de la densidad de Bélgica, aún después de deducir los desiertos de Sahara y Kalahari. Y mucho menos toman en cuenta que las recientes propuestas contra el recalentamiento de la tierra van más bien a empeorar el peor problema del mundo, el cual no es la sobrepoblación sino la pobreza. Era exactamente esto último lo que planteaba el recién desaparecido economista Julian Simon.

Según los últimos estudios, la instrumentación del Tratado Climático de Kyoto costará $30.000 por familia entre al año 2001 y 2020. Las nuevas normas de control de emisiones aumentarían el costo de la electricidad entre 40% y 50%, el precio de la gasolina se incrementaría en 18 centavos de dólar por litro (70 centavos por galón) y el resto de los bienes y servicios que utilizan energía, es decir, todos, aumentarían proporcionalmente de precios. Conclusión: es difícil diseñar una política más dañina. ©

* Investigadora del Science & Environment Policy Project, fundación privada de estudios públicos.